La hipersexualización de las niñas: el patriarcado sí se anda con chiquitas.

Artículo publicado en el número 7 de la revista digital L´Apartament

Una querida y admirada compañera de estudios, Laura Lázaro, me sugería hace ya unos días que colaborara en el sexto número de la revista digital L´Apartament, que en esta nueva andadura monográfica versaría sobre estética e identidad, y que lo hiciera, obviamente, desde una perspectiva feminista. Ella sabe que yo no podría hacerlo desde otra, pero yo también sabía su formación filosófica y me asusté temiendo que esperara demasiado de mi escrito, pero después fueron pasando algunas cosas, y en estas llegó San Valentín y até cabos.

 Indagando para mi tesis me encontré con que Kate Millett (2010: 90) afirmaba cuando publicó Política sexual, en 1969, que,

El concepto de amor romántico es un instrumento de manipulación emocional que el macho puede explotar libremente, ya que el amor es la única condición bajo la que se autoriza la actividad sexual de la hembra. No obstante resulta cómodo para ambas partes puesto que es, con frecuencia, el único estado en el que la mujer consigue superar el fortísimo condicionamiento que mantiene su inhibición sexual. Además contribuye a encubrir la verdadera posición femenina y el peso de la dependencia económica.

En estas que no me quedé muy convencida de lo que decía mi admirada Millett en la que fue, junto con La mística de la feminidad, de Betty Friedan (1963), una de las obras clave de la  segunda ola del feminismo, y le daba vueltas a que, más bien al contrario de esa inhibición sexual a la que se refería la autora, el patriarcado había llegado hoy a la conclusión de que le resultaba mucho más práctico y eficaz dejar atrás la mojigatería y el recato e hipersexualizar a las chicas y a las niñas.

En efecto,  han leído bien, a las niñas, porque el patriarcado sí  que se  anda con chiquitas. Obviamente, cuanto antes, mejor y más profundo enraizará. Me explico. Casi al mismo tiempo, una amiga que vive en el Reino Unido y ahora es madre me contaba indignada cómo en las secciones de ropa interior para niñas se venden sujetadores con relleno para contornos de 70 centímetros, y añadía, por si no me había hecho a la idea, que su pequeña de 5 años tiene un contorno de unos 60 centímetros.

padded bra for 7 year olds

También en esos días, una profesora universitaria me transmitía sus desvelos porque su hija,  para sobrevivir a la adolescencia, y entre las y los adolescentes, se había calzado sobre unos zapatos de tacón mortales, tan infinitos como insalubres, y yo recordaba, entonces, esas muñecas cadavéricas que en Navidad me habían hecho salir espantada de aquella juguetería.

 Todo me resultaba bastante contradictorio, a veces el patriarcado es así, o es que todavía yo no lo comprendo del todo, pero en mi cabeza no cabe, aún, que la hipersexualización de las mujeres sea compatible con la anorexia y ese patrón de belleza esquelético que nos transmiten las pasarelas y las revistas de moda. Supongo que algún día daré con ello o sino a buen seguro que daré con alguien que haya dado con ello y me lo explicará.

 Pero dejando de lado la contradicción de la anorexia, también pensaba esta misma mañana, volviendo a leer a Millett, que, en efecto, la libertad sexual nada tiene que ver con la explotación del cuerpo de las mujeres ni con la hipersexualización, y aquí está, creo yo, el quid de la cuestión: las chicas y las niñas están siendo educadas para confundir la libertad sexual con la exacerbación de su sexualidad y la promiscuidad, porque el patriarcado ha descubierto que esta es una magnífica herramienta de control y de dominación.

 Unos años atrás “las frescas” eran la excepción. En nuestros días, lo verdaderamente complicado para una chica joven es decir “no”. La galantería, el amor romántico, tan cómodo en ocasiones y tan útil para el patriarcado hasta hace bien poco, también la brutalidad, contundente pero tan eficaz, están dando paso poco a poco, en un contexto de espejismo de la igualdad, a una exaltación y trivialización artificial de lo sexual y de las relaciones sexuales desconocidas hasta la fecha, que ponen a las chicas y a las niñas, también a los chicos, pero sobre todo a ellas, a mi juicio, a los pies de los caballos.

En todo caso, estamos ante un nuevo terreno de libertades en lo que se refiere a la sexualidad y, como alguna vez escuché decir a Amelia Valcárcel, las libertades vienen sin libro de instrucciones. En este caso, además, el terreno es pantanoso y la libertad tiene mucho de nombre, pero no lo es tanto. ¿En qué medida las chicas pueden escoger?, ¿en qué medida pueden decir “no” a tener pareja, a una relación sexual, a los tacones mortales, a los tirantes en el mes de enero y a los empujones, literales o metafóricos, de los chicos malos?

Las libertades vienen sin manual de uso, pero además, en este caso, sin familia ni escuela que se hagan cargo. No sólo no hay una apuesta política por la educación afectiva y sexual, más bien persisten algunos enormes esfuerzos casi diríamos que individuales, sino que impera la hipocresía social, tan buena amiga del patriarcado y de la sumisión de las mujeres, la convivencia de la apuesta gubernamental por el regreso al nacionalcatolicismo con la enorme tolerancia social de la hipersexualización de niñas y chicas, que además se han creído aquello de que son libres e iguales.

Y en estas, como decía, llegó San Valentín.

 Bibliografía: MILLETT, Kate (2010). Política sexual. Feminismos. Madrid: Ediciones Cátedra.

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6 respuestas a La hipersexualización de las niñas: el patriarcado sí se anda con chiquitas.

  1. Beatriz dijo:

    Buenísimo ver como las palabras logran desenredar este mundo opaco y hostil.

  2. Pingback: La hipersexualización de las niñas: el patriarcado sí se anda con chiquitas. | GOGARA, Tallers de Gènere i Sexualitat

  3. Rocio Gh dijo:

    Fantástico!! Enhorabuena, bastante clarificador… Absolutamente de acuerdo, “educadas para estar al servicio del hombre”…. “Educar(las) para confundir la libertad sexual con la exacerbación de su sexualidad y la promiscuidad, porque el patriarcado ha descubierto que esta es una magnífica herramienta de control y de dominación”.

  4. Samantha dijo:

    Yo estoy de acuerdo a medias. En primer lugar, me gustaría que me definieras el patriarcado, porque, sinceramente, hay países en los que sí que esta presente, pero por ejemplo en España, las cosas están cambiando. Las chicas están tomando las riendas de sus vidas, teniendo en cuenta o no a los hombres.
    Por otro lado, estoy totalmente de acuerdo con lo de la libertad sin libro de instrucciones. Creo que “la libertad” de la mujer actual es bastante similar al poder de la ciencia. El problema no es si puedo o no puedo hacerlo. El problema radica en si realmente DEBO hacerlo. Parece que ahora estemos obligadas a ir a una discoteca a calentar braguetas, o a perder la virginidad a los 13, maquillarnos a partir de los 9 y saber andar con tacones desde que nacemos, dejando de lado todo el tema del peso y las tallas (que por cierto, no estaría de más pensar en el sector delgado x naturaleza y sin curvas cuando se hacen críticas, porque parece que está mal que estés delgada y esquelética aún cuándo es esa tu complexión…)
    Creo que tenemos que enseñar a las mujeres del futuro que ser libres significa tener capacidad de decidir como y cuando hacer las cosas, y no tener derecho a hacerlas.

  5. Eduard dijo:

    Partiarcado? No habíamos quedado que éste era producto de la sociedad industrial y que ahora estamos de lleno en la época tecnológica –donde no hay ya patrimonio ni masculino ni femenino que proteger, véase paro y precaridead laboral, para ellas y ellos–? Creo que seria conveniente ir alejándonos ya de los dogmas… Hipersexualización, por supuesto. De adolescentas y adolescentes. Sólo que ellos lo muestran –vestir aparte– feminizando el comportamiento: menos hombres duros y más hablar de sentimientos. I ellas masculinizandose –patrón agresivo, véase Miles Cyrus o cualquiera que pulule por el Disney Channel–. Para los adolescentes, abandonar el autoritarismo y sentimentalizarse no les ha supuesto ningún problema, era además lo que se esperaba de ellos. Para las adolescentas, en fin, todavía estamos esperando qué modelo de feminidad aportan al s XXI y que por supuesto no se base en el de los antiguos varones…

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